domingo, noviembre 27, 2011

Gacela del amor imprevisto


Nadie comprendía el perfume 
de la oscura magnolia de tu vientre. 
Nadie sabía que martirizabas 
un colibrí de amor entre los dientes. 

Mil caballitos persas se dormían 
en la plaza con luna de tu frente, 
mientras que yo enlazaba cuatro noches 
tu cintura, enemiga de la nieve. 

Entre yeso y jazmines, tu mirada 
era un pálido ramo de simientes. 
Yo busqué, para darte, por mi pecho 
las letras de marfil que dicen siempre. 

Siempre, siempre: jardín de mi agonía, 
tu cuerpo fugitivo para siempre, 
la sangre de tus venas en mi boca, 
tu boca ya sin luz para mi muerte.


Federico García Lorca

Mayte Martín

Carlos Cano

1 comentario:

Ramón dijo...

Cambiar los pronombres, es cambiar el poema.Saltar las palabras, mutilarlo.

De cualquier modo, gracias

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