jueves, octubre 19, 2017

Soneto a Valle















Este gran don Ramón de las barbas de chivo,
cuya sonrisa es la flor de su figura,
parece un viejo dios, altanero y esquivo,
que se animase en la frialdad de su escultura.

El cobre de sus ojos por instantes fulgura
y da una llama roja tras un ramo de olivo.
Tengo la sensación de que siento y que vivo
a su lado una vida más intensa y más dura.

Este gran don Ramón del Valle-Inclán me inquieta,
y a través del zodiaco de mis versos actuales
se me esfuma en radiosas visiones de poeta,

o se me rompe en un fracaso de cristales.
Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta
que le lanzan los siete pecados capitales.

Rubén Darío

Cecilia

miércoles, octubre 18, 2017

Rosa, rosae


















... Tras el emocionado concierto/espectáculo de ayer en Huesca.

Rosa, rosae
y también el valor de pi,
y el recuerdo final
por los muertos
de la última guerra civil.
Así, así, así crecí.

Dulcemente educados,
en tardes de pavor,
conteniendo la risa
el grito y el amor,
sin comprender la fuerza
de un viento abrasador,
fuimos creciendo en filas
de dos en dos,
cruzando las ciudades,
los barrios, la ilusión,
dejando todo atrás
sin comprensión.

Rosa, rosae...

Tristemente avanzando
bajo la lluvia, el sol,
o el aire pavoroso
de un padre sin valor
después de amargas horas
de fuego y de terror...
Y la mudéjar torre
aupándose
sobre un barrio vacío
como ojo escrutador
testigo de la vida
la muerte y el dolor.

Rosa, rosae...

Salimos adelante,
nunca sé la razón,
quizás como testigos,
o náufragos o heridos,
para plasmar la voz
del que nunca la alzó
sobre el viejo mercado,
turbio y atroz,
de gritos y verduras
al frío o al calor
de los eternos días,
creciendo alrededor.

Rosa, rosae...

José Antonio Labordeta

José Antonio Labordeta

Mª José Hernández

martes, octubre 17, 2017

Y después


Los laberintos
que crea el tiempo,
se desvanecen.

(Solo queda
el desierto.)

El corazón,
fuente del deseo,
se desvanece.

(Solo queda
el desierto)

La ilusión de la aurora
y los besos,
se desvanecen.

Solo queda
el desierto.
Un ondulado
desierto.

Federico García Lorca

Marta Gómez

lunes, octubre 16, 2017

Canción de los pescadores pobres de Cádiz


Hijos de la mar de Cádiz
Nuestras casas son las olas
somos los pobres del mar
de ayer y ahora.

Creímos en las sirenas
que cantan entre las olas
sus cantos nada nos dieron
ni ayer, ni ahora.

Cádiz nos mirará un día
dueños del mar, en las olas
Cádiz, que será más Cádiz
que ayer y ahora.

Somos los mismos que el viento
nos tiró en las mismas olas
los hijos pobres del mar
de ayer y ahora.

Cádiz nos vio desde Cádiz
Viviendo sobre las olas
ir pobres y volver pobres
ayer y ahora.

Cádiz nos mirará un día
dueños del mar, en las olas
Cádiz, que será más Cádiz
que ayer y ahora.

Rafael Alberti

Rosa León

Poema aparecido en la novela de Diego Álvarez Miguel "En sus manos ardió el bosque".

domingo, octubre 15, 2017

Vivir / Aunque


Cada otoño me duele más la vida
y mi dolor descarga más amargo,
pero es la vida misma el lance largo
que me vuelca rotundo a su embestida.

Vivir es una eterna despedida,
un sabor de distancia a nuestro cargo.
No he de poder rodar con tanto embargo,
no hay desembocadura a mi medida.

De estrella o de raíz será el diseño
de mi destino, ganaré la muerte,
convertiré la realidad en sueño.

Porque me pesa el mundo que me toca
vivir desarraigadamente mi suerte.
Para morir toda la vida es poca.

Aunque tinieblas amanezca, levántate,
por más que todo te lo impida, sé tú.

Mírame, óyelo.
Para morir toda la vida es poca.

Aunque no tengas nada que esperar
espera, busca,
aunque no tengas nada que encontrar,
aunque no tengas quien te escuche
habla, piensa, cuando nada tengas que hacer.

Escúchame, óyelo.
Para morir toda la vida es poca.

Si no tienes quien te ame
y no haya a quien amar
ámate tú, ámate tú todavía más
y vive, aunque no tengas nada que vivir,
vive, vive
aunque no tengas nada que vivir
escúchame, óyelo.
Para morir toda la vida es poca.

Ángel Guinda

Olga y los Ministriles

sábado, octubre 14, 2017

No, no y no


El señor Silicoso está completamente loco si se imagina que voy a darle una hormiga. Por el momento no pide más que una, creyendo que va a convencerme con su modestia, pero al principio (el 22 de noviembre por la tarde) pedía mucho más, quería cantidad de hormigueros, legiones de hormigas, prácticamente todas las hormigas. Está loco. No solamente no voy a darle la hormiga sino que tengo la intención de pasearme delante de su casa llevándola conmigo para hacerlo rabiar. Procederé de la manera siguiente: Primero me pondré mi corbata amarilla, y después de haber elegido la más esbelta y vivaz de mis hormigas, la soltaré para que se pasee por mi corbata. Habrá así un doble paseo, en el que yo iré y vendré frente a la casa del señor Silicoso y mi hormiga irá y vendrá por mi corbata. ¿He dicho un doble paseo? Más bien una apertura infinita de paseos en espiral, pues si bien la hormiga se pasea por mi corbata, mi corbata se pasea conmigo, la tierra me pasea en torno de la eclíptica, ésta se pasea a lo largo de la galaxia, que se pasea en torno de la estrella Beta del Centauro, y en ese preciso momento el señor Silicoso, que cree estar inmóvil, se asomará al balcón a tiempo para ver a mi hormiga perfectamente dibujada con todas sus patas y sus antenas sobre mi corbata amarilla que le parecerá, pobre hombre, una espada flamígera. Entonces empezará a soltar por boca y nariz una baba semejante al macramé, y su esposa e hijas acudirán para hacerle respirar sales y tenderlo en el canapé del salón. Salón que conozco demasiado bien, después de tantas veladas que he pasado bebiendo té casi frío junto a esa familia ávida de insectos.

Julio Cortázar

Julio Cortázar

viernes, octubre 13, 2017

Mi verso es como un puñal


Mi verso es como un puñal
que por el puño, echa flor.
Mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido.
Mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.

¡Penas! ¿Quién osa decir
que tengo yo penas? Luego,
después del rayo, y del fuego,
tendré tiempo de sufrir.

Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombres:
¡la esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!

Hay montes, y hay que subir
los montes altos; ¡después
veremos, alma, quién es
quién te me ha puesto al morir!

José Martí

Pablo Milanés

jueves, octubre 12, 2017

Desde que estás lejos


Desde que estás lejos, tan lejos
como un tiempo o un planeta
que todavía desconocen los hombres
o que han olvidado con los años,
me asalta por la noche la sospecha
de que nunca más volveré a verte;
algo que en la mañana se reafirma
cuando te busco al otro lado de la cama
con la seguridad de quien se busca en el espejo,
y me sorprendo al no encontrarte como estabas
hace unos días, dormida entre mis brazos.
Me asaltan ciertas dudas por la noche,
ciertos sueños, sudores, pesadillas,
y no concibo los motivos que rodean
al hecho de que ahora estés tan lejos;
tan lejos como un tiempo o un planeta
que todavía no ha llegado ni se espera.

Diego Álvarez Miguel

Diego Álvarez Miguel

Poema aparecido en la novela de Diego Álvarez Miguel "En sus manos ardió el bosque".
Archivo sonoro extraído del programa de Radio 3 Todos somos sospechosos emitido el 11/11/2016.

miércoles, octubre 11, 2017

Oda a la poesía


Cerca de cincuenta años
caminando
contigo, Poesía.
Al principio
me enredabas los pies
y caía de bruces
sobre la tierra oscura
o enterraba los ojos
en la charca
para ver las estrellas.
Más tarde te ceñiste
a mí con los dos brazos de la amante
y subiste
en mi sangre
como una enredadera.
Luego
te convertiste
en copa.

Hermoso
fue
ir derramándote sin consumirte,
ir entregando tu agua inagotable,
ir viendo que una gota
caía sobre un corazón quemado
y desde sus cenizas revivía.
Pero no me bastó tampoco.
Tanto anduve contigo
que te perdí el respeto.
Dejé de verte como
náyade vaporosa
te puse a trabajar de lavandera,
a vender pan en las panaderías,
a hilar con las sencillas tejedoras,
a golpear hierros en la metalurgia.
Y seguiste conmigo
andando por el mundo,
pero tú ya no eras
la florida
estatua de mi infancia.
Hablabas
ahora
con voz férrea.
Tus manos
fueron duras como piedras.
Tu corazón
fue un abundante
manantial de campanas,
elaboraste pan a manos llenas,
me ayudaste a no caer de bruces,
me buscaste
compañía,
no una mujer,
no un hombre,
sino miles, millones.
Juntos, Poesía,
fuimos
al combate, a la huelga,
al desfile, a los puertos,
a la mina,
y me reí cuando saliste
con la frente manchada de carbón
o coronada de aserrrín fragante
de los aserraderos.
Y no dormíamos en los caminos.
Nos esperaban grupos
de obreros con camisas
recién lavadas y banderas rojas.

Y tú, Poesía,
antes tan desdichadamente tímida,
a la cabeza
fuiste
y todos
se acostumbraron a tu vestidura
de estrella cotidiana,
porque aunque algún relámpago delató tu familia
cumpliste tu tarea,
tu paso entre los pasos de los hombres.
Yo te pedí que fueras
utilitaria y útil,
como metal o harina,
dispuesta a ser arado,
herramienta,
pan y vino,
dispuesta, Poesía,
a luchar cuerpo a cuerpo
y a caer desangrándote.

Y ahora,
Poesía,
gracias, esposa,
hermana o madre
o novia,
gracias, ola marina,
azahar y bandera,
motor de música,
largo pétalo de oro,
campana submarina,
granero
inextinguible,
gracias,
tierra de cada uno
de mis días,
vapor celeste y sangre
de mis años,
porque me acompañaste
desde la más enrarecida altura
hasta la simple mesa
de los pobres,
porque pusiste en mi alma
sabor ferruginoso
y fuego frío,
porque me levantaste
hasta la altura insigne
de los hombres comunes,
Poesía,
porque contigo
mientras me fui gastando
tú continuaste
desarrollando tu frescura firme,
tu ímpetu cristalino,
como si el tiempo
que poco a poco me convierte en tierra
fuera a dejar corriendo eternamente
las aguas de mi canto.

Pablo Neruda

Pablo Neruda

martes, octubre 10, 2017

Antes de amarte, amor. (Soneto XXV)


Antes de amarte, amor, nada era mío,
vacilé por las calles y las cosas,
nada contaba ni tenía nombre,
el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.

Pablo Neruda

Pedro Guerra

lunes, octubre 09, 2017

Pasan días


Olas de gordo aceite son mis días:
pasan tan lentamente que no pasan.
Los hombres a mi lado miran, pasan,
lentos también como mis lentos días.

El futuro está ahí, lleno de días,
pero es un duro charco: por él pasan
lentas sombras de sueños cuando pasan…
Nocturnos cielos cúbrenme los días.

Aprendí, me enseñaron los que pasan
que siempre pasan, pasarán los días,
aunque a veces parezca que no pasan.

Supe además que a bordo de mis días
pasaré yo también con los que pasan,
ceniza en la ceniza de los días.

Nicolás Guillén

Pablo Milanés

domingo, octubre 08, 2017

La flor de la jara


Yo amaba a aquella casa
sin aires de desgracia.

Era como mi alegre
posesión transparente.

Como la flor blanquísima
que en los jarales brilla.

Tal vez yo por entonces
desdeñara a los dioses.

Pues ni ellos habitaban
en regiones tan claras.

Y así como un castigo
perdí lo que era mío.

Un fuego despiadado
prendió en aquellos campos.

Después no quedó nada.
Ni la flor de la jara.

José Agustín Goytisolo

José Agustín Goytisolo

Paco Ibáñez.

sábado, octubre 07, 2017

Hablemos, Parlem
















Hablemos sin cuchillos en las manos
Hablemos sin quemarnos las banderas
Con razones, sin sangre en las aceras
Con libertad, sin ira, como hermanos
Hablemos de palabras, no de idiomas
Digamos "te respeto", "no te vayas"
Sin ver puntos finales donde hay comas
Sin ver desiertos donde solo hay playas
La justicia consiste en ser iguales
La igualdad, en poder ser diferentes
La esperanza, en querer mover montañas
Que aprendan a pensar en nuestra gente
Abrir ventanas, sin romper cristales,
Hay sitio para todos en España.

Benjamín Prado

Benjamín Prado. (Fondo musical de Rozalén cantando "La belleza" de L. E. Aute)

viernes, octubre 06, 2017

Palabras fundamentales


Haz que tu vida sea campana que repique
o surco en que florezca y fructifique
el árbol luminoso de la idea.

Alza tu voz sobre la voz sin nombre
de todos los demás, y haz que se vea
junto al poeta, el hombre.

Llena todo tu espíritu de lumbre;
busca el empinamiento de la cumbre,
y si el sostén nudoso de tu báculo

encuentra algún obstáculo a tu intento,
¡sacude el ala del atrevimiento
ante el atrevimiento del obstáculo!

Nicolás Guillén

Pablo Milanés

Dulces favores


Amé, quise, estimé mansos rigores
serví, sufrí, esperé locos desvelos
mostré, dije, escribí locos amores
sentí, lloré, temí tiranos celos
gocé, tuve, alcancé dulces favores
dejé, perdí, olvidé vanos recelos
testigos fueron de la gloria mía
muda la noche y pregonero el día

no has visto providente y oficiosa
mover el aire iluminada abeja
que hasta beber la púrpura la rosa
ya se acerca cobarde y ya se aleja
no has visto enamorada mariposa
dar cercos a la luz hasta que deja
el monumento fácil abrazadas las alas de color tornasoladas

así mi amor cobarde muchos días
torno se hizo a la rosa y a la llama
temor que ha sido entre cenizas frías
tantas veces llorado de quien ama
pero el amor que vence con porfías
y la ocasión que con disculpas llama
me animaron y abeja y mariposa
quemé las alas y llegué a la rosa

gocé, tuve, alcancé dulces favores
dejé, perdí, olvidé vanos recelos
testigos fueron de la gloria mia
muda la noche y pregonero el día.

Pedro Calderón de la Barca

Jorge Drexler

José María Vitier y Martirio

jueves, octubre 05, 2017

Todos ustedes parecen felices


...Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que —hacia donde no sé—, lenta, me arrastra.

Ángel González

Disidencia

domingo, octubre 01, 2017

La sombra de la víbora




La sombra de la víbora
no tiene veneno.
Entre las vïoletas
se enrosca el Tiempo.
Y ya, compañerita de mis edades,
te lo agradezco
todas las armas
que no empleaste.

Los besos de la guerra
desgarran mi aire.
Se enzarza Eva pequeña
con mil Adanes.
Y yo, compañerita, tan cerca y lejos,
como tú sabes,
lo que no hiciste
te lo agradezco.

Tu amor en esta selva
se va desprendiendo
de amor, y queda un blanco
de fruto tierno.
Y aquí, compañerita, por las aljabas
del mal no hecho
mi cuerpo herido
te da las gracias.

Sangrando la paloma,
la sierpe helada.
¡La vida tras tus ojos,
tu furia mansa!
Y tú, compañerita de mis escuelas,
por tanta nada
tan pïadosa
bendita seas.

Agustín García Calvo

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