Una selección de poemas musicados, cantados o recitados para su trabajo en las aulas
domingo, diciembre 02, 2018
Siempre será mi amigo
Siempre será mi amigo no aquel que en primavera
sale al campo y se olvida entre el azul festejo
de los hombres que ama, y no ve el cuero viejo
tras el nuevo pelaje, sino tú, verdadera
amistad, peatón celeste, tú, que en el invierno
a las claras del alba dejas tu casa y te echas
a andar, y en nuestro frío hallas abrigo eterno
y en nuestra honda sequía la voz de las cosechas.
miércoles, mayo 23, 2018
El rayo que no cesa
(Fragmentos de la obra completa. Dos sonetos y el final del poema 19)
10
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
19
...
Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena:
adiós, amor, adiós, hasta la muerte.
12
Una querencia tengo por tu acento
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia.
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.
Konsumo Respeto
Ver en esta Antología el soneto "Tengo estos huesos hechos a las penas"
10
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.
Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.
Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.
Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
19
...
Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena:
adiós, amor, adiós, hasta la muerte.
12
Una querencia tengo por tu acento
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia.
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.
Miguel Hernández
Konsumo Respeto
Ver en esta Antología el soneto "Tengo estos huesos hechos a las penas"
lunes, mayo 21, 2018
Ay voz secreta del amor oscuro
Ay voz secreta del amor oscuro
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!
¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡ay perro en corazón, voz perseguida!
¡silencio sin confín, lirio maduro!
Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.
Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!
Federico García Lorca
Amancio Prada
domingo, mayo 20, 2018
El silencio
Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.
Federico García Lorca
Miguel Poveda
martes, abril 24, 2018
Fábula y rueda de los tres amigos
Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique.
Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos,
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique.
Estaban los tres enterrados.
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la, yerta ginebra que se olvida en el vaso,
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.
Lorenzo,
Emilio,
Enrique.
Fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.
Uno
y uno
y uno.
Estaban los tres momificados.
Con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.
Tres
y dos
y uno.
Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.
Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos.
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.
Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Diana es dura,
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir en la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.
Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.
Federico García Lorca
martes, enero 23, 2018
Hay un día feliz
A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Solo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, este es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, este es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Solo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!
Nicanor Parra
Nicanor Parra
En el día de su muerte
jueves, enero 18, 2018
Décimas para el Guernica
La sangre gris en el lienzo
clava su lanza y salpica.
No hay un rojo más intenso
que los grises del Guernica.
Cada trazo en la pintura
sostiene, de horror, un grito.
Guernica, un rumor maldito
te atraviesa cada hechura
y muerde a cada criatura
sobre el violento retablo,
mientras un sordo vocablo
de muerte el óleo rubrica
y te desangras, Guernica,
por los pinceles de Pablo.
La sangre gris en el lienzo
clava su lanza y salpica.
No hay un rojo más intenso
que los grises del Guernica.
Plomo, polvo, hambre, horca,
almas cívicas y escuelas;
pluma, sangre, panes, muelas,
un fusil, García Lorca.
Los cultivos de mazorca,
las llanuras sin trincheras,
los cuarteles, las afueras,
la locura colectiva...
Quien lo ha visto, quien lo viva,
huye, pinta o vocifera.
La sangre gris en el lienzo
clava su lanza y salpica.
No hay un rojo más intenso
que los grises del Guernica.
Seno, candil, voz, cometa
todo en la guerra se ahoga
y cuando asfixia la soga
para en seco la veleta.
Saltemos como un atleta
en busca de brisa pura,
dejemos que la sutura
del miedo la cosa el arte.
Sea el poema estandarte
que avanza en la noche oscura.
La sangre gris en el lienzo
clava su lanza y salpica.
No hay un rojo más intenso
que los grises del Guernica.
Toma esta flor obstinada
que entre los escombros crece;
que así como reaparece;
como un candil, la alborada
y en cada fe silenciada
una campana repica,
y aun por la grieta más chica
la raíz derriba al muro.
No hay verde con más futuro
que los grises del Guernica.
Décima 1: Juanlu Mora
Décima 2: Mopo Meursault
Décima 3: Marta Jiménez Serrano
Décima 4 y estribillo: Andrés Romero
Transmisión en vivo el 3 de marzo de 2017 a través de Facebook.
Estreno de la canción y su música.
viernes, diciembre 08, 2017
De pie sigo
Ni abomino del mundo por sistema
ni invierto en los entuertos que desfago.
El aire que respiro es un problema
que no tienen los muertos. Cara pago
la prórroga roñosa de la vida
con su ya, su enfisema, su albedrío,
sus postres con tufillo a despedida,
sus álamos, su prótesis, su río.
De pie sigo, lo digo sin orgullo
pero con garapullos de cobarde
que todo espera porque nada es suyo:
el sabotaje de las utopías,
la amnistía que llega mal y tarde,
el chantaje de las radiografías.
Joaquín Sabina
Miguel Ríos y Leiva. Música: Pedro Guerra
lunes, diciembre 04, 2017
Después de haber cavado este barbecho
Después de haber cavado este barbecho,
me tomaré un descanso por la grama
y beberé del agua que en la rama
aumenta su frescura en mi provecho.
Me huele todo el cuerpo a recien hecho
por el jugoso fuego que lo inflama;
cunde la creación y se derrama
a mi mucha fatiga como un lecho.
Se tomará un descanso el hortelano
y aliviará sus penas, combatido
por el viento y el sol de un tiempo manso.
Y otra vez, inclinado cuerpo y mano
seguirá ante la tierra perseguido
por la sombra del último descanso.
Miguel Hernández
Buika. (Continúa con el soneto "Umbrío por la pena")
viernes, noviembre 24, 2017
Romance de Gerineldo
- Gerineldo, Gerineldo, Gerineldito pulido
quién estuviera esta noche, solo dos horas contigo.
- Como soy vuestro criado, señora burláis conmigo.
- No me burlo Gerineldo, que de veras te lo digo.
- ¿A qué hora, la mi señora, me tendá abierto el castillo?
- Entre las once y las doce, cuando el rey se haya dormido.
A eso de las once y media, Gerineldo va al castillo.
- ¿Quién seá ese caballero que a mi puerta dio un suspiro?
- Gerineldo soy, señora, que vengo a lo prometido.
Baja la dama en enaguas, abre puertas y postigos.
- Con un postigo que abra, cabe mi cuerpo pulido.
Se metieron en la cama como mujer y marido
y antes del gallo cantar, los dos se quedan dormidos.
Cuando se despierta el rey, despierta despavorido.
- O me fuerzan a la hija, o me roban el castillo.
Coge la espada en su mano y se va para el retiro,
y se encuentra allí a los dos como mujer y marido.
- Si mato a mi hija la infanta, queda mi reino perdido,
y si mato a Gerineldo le mato muy joven niño.
Meto la espada entre medias, porque sirva de testigo.
- Despiértate, Gerineldo, despierta si estás dormido,
que la espada de mi padre entre los dos ha dormido.
Ya se viste Gerineldo, ya se va para el retiro
y al bajar por la escalera, el rey, su amo, le ha visto.
¿Dónde vienes Gerineldo, que vienes descolorido?
- Vengo del jardín señor, que está florecido y lindo;
con el olor de las flores, los colores se me han ido.
- No has prevenido muy mal para ser tan tierno niño.
- Máteme el rey mi señor, que lo tengo merecido.
- Si te quisiera matar, harto lugar he tenido.
El castigo que te doy, -no te doy otro castigo-
que ella sea tu mujer, y tú seas su marido.
Anónimo
Joaquín Díaz
jueves, noviembre 23, 2017
Cuando tengas frío
Usa mi llave cuando tengas frío,
cuando te deje el cierzo en la estacada,
hazle un corte de mangas al hastío,
ven a verme si estás desencontrada.
No tengo para darte más que huesos
por un tubo y un salmo estilo Apeles
y páginas anémicas de besos
y un cubo de basura con papeles.
Ni me siento culpable de tu lejos,
ni dejo de fruncir los entrecejos
que usurpan de tus ojos la alegría,
si quieres enemigos ya los tienes,
pero si socios buscas ¿cuándo vienes
a repartir conmigo la poesía?
Joaquín Sabina
Joan Manuel Serrat y Clara Montes. Música: Pedro Guerra
martes, noviembre 21, 2017
El canto que no cesa. Homenaje a Miguel Hernández
Página web del proyecto.
A partir del 28 de noviembre.
Estaremos pendientes.
Actualización.
24/11/2017. Programa Músicas Posibles de Radio3 dedicado a Paco Ortega y este proyecto.
viernes, noviembre 17, 2017
En el entierro de un amigo
Tierra le dieron una tarde horrible
del mes de julio, bajo el sol de fuego.
A un paso de la abierta sepultura,
había rosas de podridos pétalos,
entre geranios de áspera fragancia
y roja flor. El cielo
puro y azul. Corría
un aire fuerte y seco.
De los gruesos cordeles suspendido,
pesadamente, descender hicieron
el ataúd al fondo de la fosa
los dos sepultureros...
Y al reposar sonó con recio golpe,
solemne, en el silencio.
Un golpe de ataúd en tierra es algo
perfectamente serio.
Sobre la negra caja se rompían
los pesados terrones polvorientos...
El aire se llevaba
de la honda fosa el blanquecino aliento.
- Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa,
larga paz a tus huesos...
Definitivamente,
duerme un sueño tranquilo y verdadero.
Antonio Machado
Francisco Valladares
jueves, noviembre 16, 2017
Madre, Francisco no viene
| Versión 1 | Versión 2 |
| - Madre, Francisco no viene, madre, Francisco ya tarda. - Es tiempo de sementera y anda la gente ocupada: de noche aguzan las rejas, de día van a la arada. Si tu Francisco no viene será porque no le vaga. Se subió Teresa al cuarto donde cosía y bordaba y vio venir un vaquero montando en yegua lozana. - Nuevas te traigo, Teresa: para ti todas son malas: que tu querido Francisco muy malo queda en la cama; ayer en el herradero le dio el toro una cornada y si le quieres ver vivo, no esperes para mañana. - Sáqueme, madre, el jubón que está en el hondón del arca ¡con alegría se hizo, con tristeza se estrenaba! Sáqueme, madre, el manteo el de luto y no el de gala, y aparéjeme el caballo donde Francisco montaba. Ya que no sirva para él sirva para su galana. En el medio del camino oyen doblar las campanas... |
- Madre, Francisco no viene, madre, Francisco ya tarda. - Calla tonta, calla loca, no seas disparatada. Que en tiempo de sementera anda la gente ocupada. De día van con los bueyes de noche van a la fragua. Se ha asomado al balcón por ver lo que divisaba. Se ha divisado al caballo donde Francisco montaba. - Noticias traigo Teresa, no son buenas que son malas. Que a tu querido Francisco el buey le ha dado una cornada. Y si lo quieres ver vivo arréglate a las voladas. Y si lo quieres ver muerto déjalo para mañana. - Madre ¿qué botas me pongo las de luto o las de gala? - Ponte las de luto hija no te pongas las de gala. Que con alegría se hicieron, con tristeza se estrenaran. Y al revolver de una esquina con el entierro se hallan. - Adiós Francisco querido adiós Francisco del alma Que me dejas en el mundo muy triste y desconsolada. |
Anónimo
Joaquín Díaz
Nuevo Mester de Juglaría
miércoles, noviembre 15, 2017
Anacreóntica II
Cuando la tierra fría
dé hospedaje a mi cuerpo,
¿qué servirá que deje
acá renombre eterno,
que me erija un amigo
sepulcral monumento,
que me escriba la vida,
que publique mis versos,
que damas y galanes,
niños, mozos y viejos
me lean, y me lloren
mis parientes y afectos?
Esta fama, esta gloria,
a que aspiran mil necios,
no me da, mientras vivo,
vanidad ni consuelo.
No quiero yo otra fama,
otra gloria no quiero,
sino que se oiga en boca
de niños, mozos, viejos,
de damas y galanes,
de parientes y afectos:
«Este hombre quiso a Laura,
y Laura es quien le ha muerto».
Tomás de Iriarte
Jesús Márquez
martes, noviembre 14, 2017
El editor Francisco Arellano, disfrazado de Humphrey Bogart, tranquiliza al poeta en un momento de ansiedad, recordándole un pasaje de Píndaro, “Píticas” VIII 96
Sin mujer, sin amigos, sin dinero,
loco por una loca bailarina,
me encontraba yo anoche en esa esquina
que se dobla y conduce al matadero.
Se reflejó una luz en el letrero
de la calle, testigo de mi ruina,
y de un coche surgió una gabardina
y los ojos de un tipo con sombrero.
Se acercaba, venía a hablar conmigo.
Mi aburrido dolor le interesaba.
Con tal de que no fuese un policía...
«Somos el sueño de una sombra, amigo»,
me dijo. Y era Bogart, y me amaba;
y era Paco Arellano, y me quería.
Luis Alberto de Cuenca
Paco Ortega
lunes, noviembre 13, 2017
Soneto del amor de osuro
La otra noche, después de la movida,
en la mesa de siempre me encontraste
y, sin mediar palabra, me quitaste
no sé si la cartera o si la vida.
Recuerdo la emoción de tu venida
y, luego, nada más. ¡Dulce contraste,
recordar el amor que me dejaste
y olvidar el tamaño de la herida!
Muerto o vivo, si quieres más dinero,
date una vuelta por la lencería
y salpica tu piel de seda oscura.
Que voy a regalarte el mundo entero
si me asaltas de negro, vida mía,
y me invaden tu noche y tu locura.
Luis Alberto de Cuenca
Alicia Gil
domingo, noviembre 12, 2017
Si me llamaras
¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría;
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí; si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: "No te vayas".
Pedro Salinas
Helena Vignau
sábado, noviembre 11, 2017
Anoche cuando dormía
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.
Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón
Antonio Machado
Peret
Francisco Valladares
viernes, noviembre 10, 2017
Caminando
Caminando, caminando,
¡caminando!
Voy sin rumbo caminando,
caminando;
voy sin plata caminando,
caminando;
voy muy triste caminando,
caminando.
Está lejos quien me busca,
caminando;
quien me espera está más lejos,
caminando;
y ya empeñé mi guitarra,
caminando.
Ay,
las piernas se ponen duras,
caminando;
los ojos ven desde lejos,
caminando;
la mano agarra y no suelta,
caminando.
Al que yo coja y lo apriete,
caminando,
ese la paga por todos,
caminando;
a ese le parto el pescuezo,
caminando,
y aunque me pida perdón,
me lo como y me lo bebo,
me lo bebo y me lo como,
caminando…
Nicolás Guillén
Olga Manzano y Manuel Picón
Ana Belén
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