Mostrando entradas con la etiqueta Ángel Guinda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ángel Guinda. Mostrar todas las entradas

domingo, octubre 15, 2017

Vivir / Aunque


Cada otoño me duele más la vida
y mi dolor descarga más amargo,
pero es la vida misma el lance largo
que me vuelca rotundo a su embestida.

Vivir es una eterna despedida,
un sabor de distancia a nuestro cargo.
No he de poder rodar con tanto embargo,
no hay desembocadura a mi medida.

De estrella o de raíz será el diseño
de mi destino, ganaré la muerte,
convertiré la realidad en sueño.

Porque me pesa el mundo que me toca
vivir desarraigadamente mi suerte.
Para morir toda la vida es poca.

Aunque tinieblas amanezca, levántate,
por más que todo te lo impida, sé tú.

Mírame, óyelo.
Para morir toda la vida es poca.

Aunque no tengas nada que esperar
espera, busca,
aunque no tengas nada que encontrar,
aunque no tengas quien te escuche
habla, piensa, cuando nada tengas que hacer.

Escúchame, óyelo.
Para morir toda la vida es poca.

Si no tienes quien te ame
y no haya a quien amar
ámate tú, ámate tú todavía más
y vive, aunque no tengas nada que vivir,
vive, vive
aunque no tengas nada que vivir
escúchame, óyelo.
Para morir toda la vida es poca.

Ángel Guinda

Olga y los Ministriles

viernes, abril 28, 2017

Adamar

          Adamar es amar mucho.
         San Juan de la Cruz.
Viniste como supe que vendrías,
sola, callada, sin llegar del todo,
quedándote al marcharte agua del mar,
y a la orilla las olas acercan,
dejando su sabor, en la arena.

Viniste como supe que vendrías,
y me dejaste mudo, si bien lleno,
todo el silencio ya de tu mensaje,
y me dejaste ciego, pero abiertos los ojos
a lo no visto la luz…

Y me tocaste como el aire,
suavemente aunque envolviéndome todo,
y me tocaste como el aire…
Suavemente…
Y cada poro, abierto a ti, al mundo se cerraba,
Al mundo se cerraba…

Me hallaste, donde siempre te buscaba,
siempre a tu encuentro decidí perderme,
decías escuchando así la brisa marina,
que a su paso suena huyendo el rumor,
de los cuerpos en la playa…

Viniste como quise que vinieras,
marchándote, dejándome a solas,
con tu fondo de belleza no conquistada,
salvajemente natural, sencilla,
Amor, a más...

Y me tocaste como el aire,
suavemente aunque envolviéndome todo,
y me tocaste como el aire,
suavemente…
Viniste cuando supe que vendrías,
como la vida, no como la muerte.

Viniste por el único camino,
que llevaba a alguna parte de mí,
de ti y del mundo nuestro,
Por eso, te adamaba...
por eso, te adamaba...
por eso te adamaba...

Ángel Guinda

José Antonio Labordeta y Mª José Hernández

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...