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viernes, noviembre 24, 2017

Romance de Gerineldo


- Gerineldo, Gerineldo, Gerineldito pulido
quién estuviera esta noche, solo dos horas contigo.
- Como soy vuestro criado, señora burláis conmigo.
- No me burlo Gerineldo, que de veras te lo digo.

- ¿A qué hora, la mi señora, me tendá abierto el castillo?
- Entre las once y las doce, cuando el rey se haya dormido.
A eso de las once y media, Gerineldo va al castillo.
- ¿Quién seá ese caballero que a mi puerta dio un suspiro?

- Gerineldo soy, señora, que vengo a lo prometido.
Baja la dama en enaguas, abre puertas y postigos.
- Con un postigo que abra, cabe mi cuerpo pulido.
Se metieron en la cama como mujer y marido

y antes del gallo cantar, los dos se quedan dormidos.
Cuando se despierta el rey, despierta despavorido.
- O me fuerzan a la hija, o me roban el castillo.
Coge la espada en su mano y se va para el retiro,

y se encuentra allí a los dos como mujer y marido.
- Si mato a mi hija la infanta, queda mi reino perdido,
y si mato a Gerineldo le mato muy joven niño.
Meto la espada entre medias, porque sirva de testigo.

- Despiértate, Gerineldo, despierta si estás dormido,
que la espada de mi padre entre los dos ha dormido.
Ya se viste Gerineldo, ya se va para el retiro
y al bajar por la escalera, el rey, su amo, le ha visto.

¿Dónde vienes Gerineldo, que vienes descolorido?
- Vengo del jardín señor, que está florecido y lindo;
con el olor de las flores, los colores se me han ido.
- No has prevenido muy mal para ser tan tierno niño.

- Máteme el rey mi señor, que lo tengo merecido.
- Si te quisiera matar, harto lugar he tenido.
El castigo que te doy, -no te doy otro castigo-
que ella sea tu mujer, y tú seas su marido.

Anónimo

Joaquín Díaz

jueves, noviembre 16, 2017

Madre, Francisco no viene


          Versión 1           Versión 2
- Madre, Francisco no viene,
madre, Francisco ya tarda.
- Es tiempo de sementera
y anda la gente ocupada:
de noche aguzan las rejas,
de día van a la arada.
Si tu Francisco no viene
será porque no le vaga.

Se subió Teresa al cuarto
donde cosía y bordaba
y vio venir un vaquero
montando en yegua lozana.

- Nuevas te traigo, Teresa:
para ti todas son malas:
que tu querido Francisco
muy malo queda en la cama;
ayer en el herradero
le dio el toro una cornada
y si le quieres ver vivo,
no esperes para mañana.

- Sáqueme, madre, el jubón
que está en el hondón del arca
¡con alegría se hizo,
con tristeza se estrenaba!
Sáqueme, madre, el manteo
el de luto y no el de gala,
y aparéjeme el caballo
donde Francisco montaba.
Ya que no sirva para él
sirva para su galana.

En el medio del camino
oyen doblar las campanas...
- Madre, Francisco no viene,
madre, Francisco ya tarda.
- Calla tonta, calla loca,
no seas disparatada.
Que en tiempo de sementera
anda la gente ocupada.
De día van con los bueyes
de noche van a la fragua.

Se ha asomado al balcón
por ver lo que divisaba.
Se ha divisado al caballo
donde Francisco montaba.

- Noticias traigo Teresa,
no son buenas que son malas.
Que a tu querido Francisco
el buey le ha dado una cornada.
Y si lo quieres ver vivo
arréglate a las voladas.
Y si lo quieres ver muerto
déjalo para mañana.

- Madre ¿qué botas me pongo
las de luto o las de gala?
- Ponte las de luto hija
no te pongas las de gala.
Que con alegría se hicieron,
con tristeza se estrenaran.

Y al revolver de una esquina
con el entierro se hallan.
- Adiós Francisco querido
adiós Francisco del alma
Que me dejas en el mundo
muy triste y desconsolada.

Anónimo

Joaquín Díaz

Nuevo Mester de Juglaría

martes, octubre 31, 2017

Romance de Abenámar


´—¡Abenámar, Abenámar,  
moro de la morería,
el día que tú naciste  
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,  
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace  
no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,  
bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,  
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro  
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho  
mi madre me lo decía
que mentira no dijese,  
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,  
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,  
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?  
¡Altos son y relucían!

—El Alhambra era, señor,  
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,  
labrados a maravilla.
El moro que los labraba  
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,  
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,  
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,  
castillo de gran valía.

Allí habló el rey don Juan,  
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,  
contigo me casaría;
daréte en arras y dote  
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,  
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene  
muy grande bien me quería.

Anónimo

Paco Ibáñez

sábado, octubre 21, 2017

Romance de la pérdida de Alhama


Paséabase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarrambla.
Cartas le fueron venidas
cómo Alhama era ganada.
¡Ay de mi Alhama!

Por el Zacatín arriba
subido había a la Alhambra;
mandó tocar sus trompetas,
sus añafiles de plata,
porque lo oyesen los moros
que andaban por el arada.
¡Ay de mi Alhama!

Allí habló un viejo alfaquí,
la barba bellida y cana:
-¿Para qué nos llamas, rey,
a qué fue nuestra llamada?
-Para que sepáis amigos,
la gran pérdida de Alhama.
¡Ay de mi Alhama!

Anónimo

(Otra versión de este romance)

Paco Ibáñez

Antonio Portanet

miércoles, abril 19, 2017

Romance de rosa fresca


¡Rosa fresca, rosa fresca,
tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos,
non vos supe servir, non:
y agora que vos servía
non vos puedo yo haber, non!

- Vuestra fue la culpa, amigo,
vuestra fue, que mía non;
enviásteme una carta
con un vuestro servidor,
y, en lugar de recaudar
él dijera otra razón:
que érades casado amigo,
allá en tierras de León;
que tenéis mujer hermosa
e hijos como una flor.

- Quien vos lo dijo, señora,
non vos dijo verdad, non;
que yo nunca entré en Castilla
ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño,
que non sabía de amor.

Anónimo

Amancio Prada

miércoles, marzo 02, 2016

Romance del moro que perdió Alhama


Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Bibarrambla.

Cartas le fueron venidas
de que Alhama era ganada,
las cartas echó en el fuego
y al mensajero matara.

       ¡Ay de mi Alhama!

Descabalga de una mula
y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba,
subido se había al Alhambra.

Desque en el Alhambra estuvo,
al mismo punto mandara
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata;

       ¡Ay de mi Alhama!

y que las cajas de guerra,
apriesa toquen alarma
porque lo oigan los moros,
los de la Vega y Granada.

Los moros que el son oyeron,
que al sangriento Marte llama
uno a uno y dos a dos,
juntado se ha gran campaña.

       ¡Ay de mi Alhama!

Allí habló un moro viejo,
de esta manera hablara:
- ¿Para qué nos llamáis rey;
para qué es esta llamada?

- Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada,
que cristianos de braveza,
ya nos han ganado Alhama.

       ¡Ay de mi Alhama!

Allí habló un alfaquí
de barba crecida y cana.
- Bien se te emplea, buen rey;
buen rey, bien se te empleara.

Mataste los bencerrajes
que eran la flor de Granada;
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada;

       ¡Ay de mi Alhama!

por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y que se pierda Granada.

       ¡Ay de mi Alhama!

Anónimo

(Otra versión de este romance)

Joaquín Díaz

viernes, mayo 08, 2015

Romance del caballero


- Caballero, caballero,
¿de dónde ha venido usted?

- De la guerra, señorita,
¿qué se le puede ofrecer?

- Si ha visto usted a mi marido
en la guerra alguna vez.

- No, señora, no lo he visto
ni sé las señas de él.

- Mi marido es alto y rubio,
alto y rubio, aragonés,

y en la punta de la lanza
lleva un pañuelo bordés *.

De pequeña lo bordaba,
de pequeña lo bordé.

Uno que le estoy bordando
y otro que le bordaré.

- Por las señas que me ha dado,
su marido muerto es.

En Valencia lo mataron
en casa de un genovés.

Sobre el juego de los dados
lo matara un milanés,

y a mí me ha dejado dicho
que me case con usted.

- Siete años llevo esperando
y otros siete esperaré.

Si a los catorce no vuelve,
a monja me meteré.

- ¡Por Dios, calla, Isabelita,
no llores más, Isabel,

que soy tu esposo querido,
y tú mi cara mujer!

Anónimo

La Ronda de Boltaña

* Explicación sobre el término bordés.
Joaquín Díaz

jueves, agosto 03, 2006

Romance del enamorado y la muerte




Yo me estaba reposando
anoche como solía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos se dormían.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.

- ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.

- No soy el amor, amante:
La muerte que Dios te envía.
- ¡Hay muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!

- Un día no puedo darte,
- una hora tienes de vida.
Muy deprisa se levanta,
más deprisa se vestía.

Ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
- ¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta niña!

- ¿La puerta cómo he de abrirte
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,
mi madre no está dormida.

- Si no me abres esta noche,
ya nunca más me abrirías;
la muerte me anda buscando,
junto a ti vida sería.

- Vete bajo la ventana
donde bordaba y cosía,
te echaré cordel de seda
para que subas arriba,
si la seda no alcanzare,
mis trenzas añadiría.

Ya trepa por el cordel,
ya toca la barandilla,
la fina seda se rompe,
él como plomo caía.

La Muerte le está esperando
abajo en la tierra fría:
Vamos, el enamorado,
la hora ya está cumplida.

Anónimo

Amancio Prada

Víctor Jara

Joaquín Díaz

Romance del conde Arnaldos


Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de san Juan

yendo a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar

las velas trae de seda
jarcias de oro torzal
áncoras tiene de plata
tablas de fino coral

marinero que la guía
diciendo viene un cantar
que la mar ponía en calma
los vientos hace amainar

las aves que van volando
al mástil vienen posar
los peces que andan al fondo
arriba los hace andar.

Allí habló el infante Arnaldos
bien oiréis lo que dirá
"Por tu vida el marinero
dígasme ahora ese cantar"

Respondiole el marinero
tal respuesta le fue a dar
"Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va".

Anónimo

Amancio Prada

Romance del conde Niño


Conde Niño por amores
es niño y pasó a la mar
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras su caballo bebe,
él canta dulce cantar :
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está :
- levantáos Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar,
- No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño
que por mi quiere finar.
- Si por tus amores pena,
¡oh, mal haya su cantar!
y porque nunca los goce,
yo le mandaré matar.
- Si le manda matar madre,
juntos nos han de enterrar.
El murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar ;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar ;
a él, como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació una rosal blanco,
de él nació un espino albar ;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina llena de envidia
ambos los mandó cortar ;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

Anónimo

Paco Ibáñez

Olga y Los Ministriles

Romance del prisionero


Que por mayo, era por mayo
cuando hace la calor
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor

cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor
cuando los enamorados
van a servir al amor

sino yo triste y cuitado
que vivo en esta prisión
que ni sé cuando es día
ni cuando las noches son

sino por una avecilla
que me cantaba al albor
matómela un ballestero
dele Dios mal galardón

Anónimo

Paco Ibáñez

Amancio Prada

Chicho Sánchez Ferlosio

Joaquín Díaz

Manuel Toharia

Candeal

Trabajo en el aula

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