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domingo, noviembre 05, 2017

Parábola sobre el billar


No puede haber otro juego
tan cruel como el billar,
tres hombres en una celda
condenados a chocar.

Siempre es una bola blanca
la que ataca con afán:
la bola roja está roja
de los golpes que le dan.

¡Ay bola roja de sangre
que nunca quiere atacar!
¡Ay blanca bola de nieve
que la obligas a jugar!

El verde color del campo
se ha puesto triste de ver
que a la tierra malherida
no la dejan florecer.

Y todo porque a unos hombres
les parece diversión
lanzarle a la bola roja
disparos al corazón.

Carlos Álvarez

Luis Pastor

sábado, noviembre 12, 2016

Quisiera un verso manchado


Quisiera un verso manchado
por la cal y por la grasa.
Verso de andamio y de forja
para el son de mi guitarra.

Quisiera un verso caliente
para el frío de tu casa.
Verso crecido en la tierra
como crece la mañana.

Quisiera estar en tu copla
cuando el vino te acompaña,
y repartirme en los vasos
que alimentan tu esperanza.

Y quisiera estar contigo
cuando el hambre te traspasa,
y hacerte un pan amasado
con sudor y con palabras.

Carlos Álvarez

Luis Pastor

domingo, abril 27, 2014

Canción del pescador


Tengo las redes llenas
(manos vacías).
Las redes son del amo;
las manos, mías.

Estaba el mar vacío
bajo la noche;
con sudor lo llenamos
los pescadores.

Está el campo sombrío
de madrugada;
con las manos hacemos
la luz del alba.

¡Cuándo será la tierra
tuya en tus manos;
tuyas la barca y redes,
y el mar tu esclavo!

Carlos Álvarez

Aguaviva

Adolfo Celdrán

viernes, abril 25, 2014

Alguna vez


Alguna vez, a todos, a mí mismo,
nos ha crecido un árbol en las manos
o el mar sobre la frente
o la esperanza, como alfombra extendida a nuestro paso.
Al encontrar un verso entre la hierba,
al madurar el fruto del abrazo,
al escuchar palabras
que nos tientan el aire de palabras que arrastramos

Pero la madrugada llegó siempre
con su fusil a ciegas preparado
para segar la vida de los hombres
o la ilusión nacida en nuestros vasos.
Y cuando fue creciendo la mañana
nos quedó solamente nuestro asco
y una sed infinita, y la vergüenza
de nuestro propio aspecto de borrachos.

Carlos Álvarez

Rosa León

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