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miércoles, octubre 18, 2017

Rosa, rosae


















... Tras el emocionado concierto/espectáculo de ayer en Huesca.

Rosa, rosae
y también el valor de pi,
y el recuerdo final
por los muertos
de la última guerra civil.
Así, así, así crecí.

Dulcemente educados,
en tardes de pavor,
conteniendo la risa
el grito y el amor,
sin comprender la fuerza
de un viento abrasador,
fuimos creciendo en filas
de dos en dos,
cruzando las ciudades,
los barrios, la ilusión,
dejando todo atrás
sin comprensión.

Rosa, rosae...

Tristemente avanzando
bajo la lluvia, el sol,
o el aire pavoroso
de un padre sin valor
después de amargas horas
de fuego y de terror...
Y la mudéjar torre
aupándose
sobre un barrio vacío
como ojo escrutador
testigo de la vida
la muerte y el dolor.

Rosa, rosae...

Salimos adelante,
nunca sé la razón,
quizás como testigos,
o náufragos o heridos,
para plasmar la voz
del que nunca la alzó
sobre el viejo mercado,
turbio y atroz,
de gritos y verduras
al frío o al calor
de los eternos días,
creciendo alrededor.

Rosa, rosae...

José Antonio Labordeta

José Antonio Labordeta

Mª José Hernández

domingo, agosto 09, 2015

Tribulatorio (A)



















El día de mañana
dirán que fuimos
                buenos.

Hermoso este holacausto
de bebidas alcohólicas
y riadas humanas sin más rostro
que el viento agonizante del otoño.

                 Dirán...

¿Pero qué pudieron saber
de la real historia
del callejón cerrado?

José Antonio Labordeta

martes, septiembre 28, 2010

El tiempo difícil (I)


A nadie golpeamos
y fuimos, al contrario, empujados,
hasta caer de bruces en la yerba.

A nadie hicimos daño
y fuimos juzgados,
silenciados, hundidos, una y otra vez.

No tuvimos valor de levantar la mano
de poner la mejilla, el otro rostro lado
para recibir un nuevo golpe.

Nada hicimos.

Enjugamos las lágrimas, el miedo,
arrinconamos nuestras dudas
los odios
y seguimos intentando vivir -¿vivir?-
amargamente unidos al espacio vital
que nos ofrecen.

Ahora, luego, ya nadie
se pregunte
qué hacer, qué caminamos.

Estamos todavía absorbidos por la tierra
brutal, seca, infinita
que nos tiene apresados.

José Antonio Labordeta

domingo, septiembre 19, 2010

Ya ves.




Ya ves
que vamos avanzando
cumpliendo este camino
no lo sé
ya ves.

Ya ves
que vamos recordando
creciendo hacia el ocaso
no lo sé
ya ves.

Ya ves
que pálidas palabras
se pierden en la noche
sin hallar solución.

Ya ves
que hemos ido surgiendo
de inciertas duras voces
de desesperación.

Recuérdame
como un árbol batido
como un pájaro herido
como un hombre sin más;
recuérdame
como un verano ido
como un lobo cansino
como un hombre sin más.

Ya ves
que fuimos agrietando
los muros mantenidos
no lo sé
ya ves.

Ya ves
que estamos añorando
unos niños perdidos
no lo sé
ya ves.

Ya ves
que voces diferentes
se cruzan en el alba
buscando la verdad.

Ya ves
que fuimos puente herido
de abrazos detenidos
por ver la libertad.

José Antonio Labordeta

José Antonio Labordeta. "Tiempo de espera". (Eliminado por reclamación de los derechos de autor)

José Antonio Labordeta. "30 canciones en la mochila". (Eliminado por reclamación de los derechos de autor)

Luis Pastor y Lourdes Guerra


In memoriam

sábado, noviembre 18, 2006

El poeta


               A Miguel Labordeta, mi hermano

Él quiso ser
palabra sobre el río al amanecer,
y caminó
por viejas esperanzas que nadie entendió.
Dejó después
la mano entre las manos y se nos marchó
con un suave silencio
que el viento rompió.

          Su gesto fue
          dolido por el caminar
          entre yerbas y piedras
          y un extenso erial.

Su voz se ató
al yermo del paisaje y a la sangre en flor.
Se hizo pared
allí donde los muros cayeron tras él.
Su soledad
abrió por los caminos la necesidad
que levanta a los hombres
a la libertad.

          Caminos son
          abiertos por su fuerte voz
          lanzada contra cierzo y sol
          y contra tantos siglos de dolor.

José Antonio Labordeta

José Antonio Labordeta (Cantar y callar)

José Antonio Labordeta (Labordeta en directo)

Monte Solo

martes, noviembre 07, 2006

Nos haces una falta sin fondo


Miguel:
                            Y caminamos.
                            Aunque se hizo el silencio
y no viniste, seguimos caminando.
                            Atruena la ciudad.
Los verduleros –sus voces tan hirientes
ya no hieren- bajo tu ventanal
suavizan a desgarros la mañana.
                            Atruena la ciudad
y en su silencio, tu nombre lo ha evocado
un joven escritor
                  de menos de mil años
al preguntar por dónde te has marchado.
El resto,
los señores de alegres corbatines
se agobian de queridas y de acciones
                       y tú te quedas
solo.
                            Mamá
quiere besarte sobre el rostro
-se lo hemos permitido-
y con su beso de lágrimas,
de atroces tiempos y recuerdos,
te has marchado de casa
apenas comenzaba a atardecer.
                            Ella
te llora en los rincones
y la ciudad,
que apesta a soledades y decoros,
no puede olvidar
tus voces acusando,
                       amando,
señalando injustas manos rotas
de jóvenes airados
con potencia de águila paloma en las palabras.

                            Miguel:
mamá te vuelve a descubrir cada mañana
y mira tus camisas,
                       tus viejos pantalones,
tu boina de domingo,
tus zapatos de campo y de paseo
y te gesta de nuevo,
esta vez a lágrimas y llanto.
                            Mi hija
-Ana pequeña ahijada tuya-
me pregunta cuándo vas a nacer
de nuevo,
para volver aquí, a nuestro lado.
                            Y todo el gesto duro
de la vida,
se vuelca en mi costado
dañándome la ausencia
con que nos has dejado.

José Antonio Labordeta

Voz de Ana Labordeta, música Francisco Aguarod

Ella


La oigo trajinar en la cocina.
Canta - cuando su mano tomo
cantamos todos - una vieja canción
casi olvidada.

              Hace ya tiempo
que su voz me suena a cotidiano,
como el agua, la guerra,
y las calizas grises de mi tierra.

Suena a viento y a espuma
y me repite las gracias primitivas
de mi hija - hace poco nació
y ya camina -. Hablamos de la paz,
del diario quehacer - día a día
cumplimos la jornada - y vemos,
en silencio, derrumbarse la tarde
en la ventana.

              En la mesa camilla
- humeante la sopa - escuchamos
el parte de noticias:
Siempre hay alguien que ha muerto
- un ser es importante -
entre balas y golpes y lágrimas
que nada podrán contra la ausencia.

Se apagan las ventanas. Los vientos
se detienen. Alguien pasa al fondo de la calle
camino de su casa. Duerme mi hija
- la eternidad se hizo para ella -
con las manos abiertas, en franca confianza.

Hablamos en susurro - mientras hace labor -
de cosas conocidas, como el tiempo,
la paz y estas tierras, carmín, que nos cobijan
- Teruel tiene la sangre a flor de arena -.

Al descender la luz se hace el silencio
y fuera queda el mundo al descubierto.

José Antonio Labordeta

José Antonio Labordeta, música Francisco Aguarod. (Eliminado por reclamación de los derechos de autor)

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