sábado, agosto 05, 2006

Campos de Soria




He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.

Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!

                    Antonio Machado

2 comentarios:

Clara dijo...

yo soy soriana, y entiendo perfectamente la inspiración de Machado... Soria, aunque a veces la gente piense que es poca cosa, es un lugar maravilloso, sus paisajes te hacen apreciar la naturaleza de la vida, te hacen evadirte de la realidad. Precioso poema y preciosa tierra

Anónimo dijo...

Cuando no estás por el Duero o el Nagima, fluyes con el espíritu y la fantasia , al compas de los aires del Urbión o el Moncayo, hacía la paz del Evangelio. Así te motiva Soria y sus gentes. Demasiado grande para llevarle en mi pequeño corazón.Demasiado eterna para no acomodarte a su devenir.

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