jueves, noviembre 26, 2020

Aunque es de noche

Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe

Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.

Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche,

Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben della,
aunque es de noche.

Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.

Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosos sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan, y las gentes,
aunque es de noche.

El corriente que nace de esta fuente,
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede,
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.

Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
porque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.


San Juan de la Cruz


Enrique Morente

Amancio Prada

Rosalía

miércoles, noviembre 25, 2020

Balada estival de las cárceles madrileñas. 1968

En la trena lo tienen aún
a Jaime la prenda
de la buena compañía
en chirona está Paco Gil
que así se sonreía
y Miguel en Carabanchel
y en las Ventas las tres Marías
para Izquierdo, Aldecoa y Giral
y Emilio y David
son número los días
y también a la sombra está
Josefa García.

Los jueces como es natural
se van a la Toja
o si no a Fuenterrabía
su permiso irá a disfrutar
el blanco policía
la justicia descansa al sol
pero no muere todavía
mariscales, ministros y Dios
tostándose están
las panzas respectivas
y también a la sombra está
Josefa García.

La señora que va de bazar
jarrones, visillos
sábanas, mantelerías
la empleada el sábado al fin
el tren de cercanías
cada cual en su condición
todo el mundo a vivir su vida
y en el apartamento dos mil
con yelo y con yin
el disco se vacía
y también a la sombra está
Josefa García.

No están ni por fu, ni por fa
ni culpa ni causa
ni pasión ni ideología
sino porque guerra, la paz
porque la noche, día
por la misma razón que aún
cruje el arco y gime la lira
el peón que quedó sin jornal
aquella que ya
más flores no le envían
y por eso a la sombra está
Josefa García.

Porque llaman amor a la ley
y ley a la fuerza
y verdad a la mentira
y por eso el sol sabe a hiel
y el pan a cobardía
y los libros a muerto y
a sin sal la sabiduría
y los besos de hombre y mujer
a cal y el amor
a reja y celosía
desde que ella a la sombra está
Josefa García.

En el patio central del penal
hay una morera
que florece a mediodía
de palabra al vuelo que va
por esas galerías:
"Libertad no sabéis lo que es
pero sí penitenciaría".
El que quiera romper la prisión
que encuentre la luz
negando cielo arriba
que en el cielo Dios ya la sombra está
Josefa García.


Agustín García Calvo


Chicho Sánchez Ferlosio

Amancio Prada

Tres cosas me tienen preso

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón,
y berenjenas con queso.

Esta Inés, amantes, es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.

Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

Fue de Inés la primer palma;
pero ya juzgarse ha mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.

En gusto, medida y peso
no le hallo distinción:
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.

Alega Inés su bondad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y la berenjena
la española antigüidad.

Y está tan en fiel el peso
que, juzgado sin pasión,
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

A lo menos este trato
destos mis nuevos amores
hará que Inés sus favores
nos los venda más barato.

Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.


Baltasar del Alcázar


Javier Bergia, Begoña Olavide

viernes, octubre 09, 2020

Yo no quiero que te vayas



Yo no quiero que te vayas,
pero tampoco quiero retener tu llama
para que nadie conozca tu fuego,
ni mojar tu pólvora
para que no prendas junto a nadie.

No quiero eso, ni tampoco
llevarte de la mano hacia ninguna parte.

Solo te dejaría irte de aquí
para que fueras a buscarte
—si así lo necesitaras—
porque significaría que a mi lado
no obtienes las respuestas que precisas.
Cortar el vuelo hacia uno mismo
a la persona a la que amas
es parecido a escribir su nombre
con el bolígrafo que certifica una condena.

No quiero perderte,
pero no te quedes junto a mí
si la fuerza que te empuja
no te impulsa a donde ya estuvimos,
si tus pies no prefieren caminar
en dirección hacia nosotros.

Si esto no te mueve no lo hagas,
no vengas hacia aquí,
dime adiós y no mires atrás
y déjame que aprenda
que echar de menos no es otra cosa
que el peaje de una felicidad que ya ha partido.
Déjame solo y vacío
sin canciones que maquillen el fracaso.

Me sentiré querido si te vas de esta manera,
si no permites que la compasión te mantenga junto a mí,
si eres capaz de arrancarme las esperanza de una vez
en lugar de rompérmela con pequeños golpes
que hagan llevadera la derrota.
Porque la derrota nunca es llevadera,
es solo un dialecto del fracaso.

Si sientes culpa, no la sueltes con una despedida a medias,
marchándote un poco el martes
y volviendo mañana,
para dejar la foto el jueves.
No me dejes como quien deja irse deshaciendo en su boca
el caramelo del remordimiento,
ni te vayas yendo lentamente,
poniendo al futuro sobre aviso.
No me entregues la soledad por fascículos, no lo dilates.
Yo quiero que asumas la culpa y la bondad que hay en ello,
desamor sin maquillaje, la verdad sin photoshop.

No te quedes junto a mí,
te lo ruego,
no lo hagas
si es así como te sientes.

Pero si no es esto lo que te aleja,
si solo es temor a que el fracaso
muerda un día nuestras noches,
si temes que sea yo quien me despida,
o si lo que te aleja de mí es,
por ejemplo,
el pasado sujetándote el vestido,
o el zumbido que rodea a los que aman
y fueron desamados,
entonces quédate
y paga al corazón lo que te pida.
Y si se acaba da gracias al final
por el regalo que el amor
nos dejó entre las manos.

Que no hay gloria mayor
que la que ofrece el amor cuando se da,
ni dolor más merecido que el que viene

cuando el dedo del adiós toca el timbre de tu casa.
Marwan


Marwan

lunes, julio 13, 2020

Canto a Andalucía



Cádiz, salada claridad. Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga cantaora.
Almería, dorada.
Plateado, Jaén. Huelva, la orilla
de las tres carabelas.
                                                              Y Sevilla.
Manuel Machado


Los Romeros de la Puebla

jueves, julio 09, 2020

A Juan Ramón Jiménez



Era una noche del mes
de mayo, azul y serena.
Sobre el agudo ciprés
brillaba la luna llena,

iluminando la fuente
en donde el agua surtía
sollozando intermitente.
Sólo la fuente se oía.

Después, se escuchó el acento
de un oculto ruiseñor.
Quebró una racha de viento
la curva del surtidor.

Y una dulce melodía
vagó por todo el jardín:
entre los mirtos tañía
un músico su violín.

Era un acorde lamento
de juventud y de amor
para la luna y el viento,
el agua y el ruiseñor.

«El jardín tiene una fuente
y la fuente una quimera…»
Cantaba una voz doliente,
alma de la primavera.

Calló la voz y el violín
apagó su melodía.
Quedó la melancolía
vagando por el jardín.
Sólo la fuente se oía.

Antonio Machado


miércoles, julio 08, 2020

Voy a dormir



Dientes de flores, cofia de rocío,       
manos de hierbas, tú, nodriza fina,       
tenme prestas las sábanas terrosas       
y el edredón de musgos escardados.       

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.       
Ponme una lámpara a la cabecera;       
una constelación, la que te guste;       
todas son buenas, bájala un poquito.       

Déjame sola: oyes romper los brotes...       
te acuna un pie celeste desde arriba       
y un pájaro te traza unos compases       

para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:       
si él llama nuevamente por teléfono       
le dices que no insista, que he salido.


Alfonsina Storni





Leer y escuchar Alfonsina y el mar

lunes, julio 06, 2020

Gacela del recuerdo del amor



No te lleves tu recuerdo.
Déjalo solo en mi pecho,

temblor de blanco cerezo
en el martirio de enero.

Me separa de los muertos
un muro de malos sueños.

Doy pena de lirio fresco
para un corazón de yeso.

Toda la noche, en el huerto
mis ojos, como dos perros.

Toda la noche, comiendo
los membrillos de veneno.

Algunas veces el viento
es un tulipán de miedo,

es un tulipán enfermo,
la madrugada de invierno.

Un muro de malos sueños
me separa de los muertos.

La niebla cubre en silencio
el valle gris de tu cuerpo.

Por el arco del encuentro
la cicuta está creciendo.

Pero deja tu recuerdo
déjalo sólo en mi pecho.

Federico García Lorca


Carlos Cano

Vicente Pradal, Servane Solana

Amancio Prada

lunes, junio 22, 2020

El diamante




Noviembre de l920
(Granada)

El diamante de una estrella
ha rayado el hondo cielo,
pájaro de luz que quiere
escapar del universo
y huye del enorme nido
donde estaba prisionero
sin saber que lleva atada
una cadena en el cuello.

Cazadores extrahumanos
están cazando luceros,
cisnes de plata maciza
en el agua del silencio.

Los chopos niños recitan
su cartilla; es el maestro
un chopo antiguo que mueve
tranquilo sus brazos muertos.
Ahora en el monte lejano
jugarán todos los muertos
a la baraja. ¡Es tan triste
la vida en el cementerio!

¡Rana, empieza tu cantar!
¡Grillo, sal de tu agujero!
Haced un bosque sonoro
con vuestras flautas. Yo vuelo
hacia mi casa intranquilo.

Se agitan en mi cerebro
dos palomas campesinas
y en el horizonte, ¡lejos!,
se hunde el arcaduz del día.
¡Terrible noria del tiempo!

Federico García Lorca



Montse Cortés

viernes, junio 19, 2020

Nana de la adúltera


No subas mi vida
no vengas ahora
que está en casa el padre
del niño que llora.     

Ahora no
ahora no
ahora no amor mío
ahora no.     

      El padre se viste
      para ir al cuartel.
      Padre amante y niño
      me matáis los tres.
      Ahora no
      ahora no
      ahora no amor mío
      ahora no.

Ya se fue el papón
ya puedes subir
mi niño se duerme
y yo estoy por ti.     

Ahora sí
ahora sí
ahora sí amor mío
ahora sí.
José Agustín Goytisolo

Paco Ibáñez

Rosa León

jueves, junio 18, 2020

No inútilmente


Contemplo yo a mi vez la diferencia
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
la candidez azul de las palabras.
No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.
Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra,
quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.
Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.
Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo.

José Ángel Valente

Yo estaba muerto


Doblan las campanas
con su funerario.
Doblan las campanas
en el campanario.
Quizás doblen por mí,
con triste concierto.
Yo estaré muerto.

Cuando doblen por mí,
quizá un día
de sol esplendente,
de paz y alegría
irá el hortelano
cantando a su huerto.
Yo estaré muerto.

Irá el caminante
por bosques de pinos,
por largas veredas,
por largos caminos.
Verá el navegante
de lejos el puerto.
Yo estaré muerto.

Bullirá la gente
por plazas y calles,
volarán las aves
por montes y valles.
Correrá el arroyo,
de flores cubierto.
Yo estaré muerto.

Irán los soldados.
Irán a la guerra.
Irán los misioneros,
cruzando la tierra.
Irán las caravanas,
irán por el desierto.
Yo estaré muerto.

Cuando por mí
doblen su funeraria.
Cuando por mí
doblen en el campanario.
Si al abrir la fosa
hallo el cielo abierto,
yo no estaré muerto.
Leopoldo María Panero

miércoles, junio 17, 2020

Las moras negras



Creí que buscaba
las moras negras,
y encontré la rosa de zarza.

Creí que cortaba
la rosa blanca,
y se hincó la espina en mis venas.

Creí que saldría
clavel caliente,
y brotó un arroyo de leche.

Creí que el arroyo
se hundía en tierra,
y fluyó al Océano verde.

Creí que era aquello
el verde Océano,
y era el río eterno de estrellas.

Creí que hallaría,
cruzando el cielo,
al Señor del todo y la nada.

Y solo encontré
puñado de moras
que de amor en mi mano sangraban.
Agustín García Calvo

Amancio Prada

Noiturnio do adoescente morto



Imos silandeiros orela do vado Vamos en silencio por la orilla del vado
pra ver ô adolescente afogado. para ver al adolescente ahogado.
   
Imos silandeiros veiriña do ar, Vamos en silencio por la orilla del aire,
antes que ise río o leve pro mar. antes que ese río se lo lleve al mar.
   
Súa i-alma choraba, ferida e pequena Su alma lloraba, herida y pequeña
embaixo os arumes de pinos e d’herbas. entre la hojarasca de pinos y hierbas.
   
Agoa despenada baixaba da lúa Agua despeñada bajaba de la luna
cobrindo de lirios a montana núa. cubriendo de lirios la montaña desnuda.
   
O vento deixaba camelias de soma El viento dejaba camelias de sombra
na lumieira murcha da súa triste boca. en la hoguera apagada de su triste boca.
   
¡Vinde mozos loiros do monte e do prado ¡Venid mozos rubios del monte y del prado
pra ver o adoescente afogado! a ver al adolescente ahogado!
   
¡Vinde xente escura do cume e do val ¡Venid gente oscura de la cumbre y del valle
antes que ise río o leve pro mar! antes que ese río se lo lleve al mar!
   
O leve pro mar de curtiñas brancas Se lo lleve al mar de labranzas blancas
onde van e vên vellos bois de ágoa. donde van y vienen viejos bueyes de agua.
   
¡Ay, cómo cantaban os albres do Sil ¡Ay, cómo cantaban los chopos del Sil
sobre a verde lúa, coma un tamboril! en la verde luna como un tamboril!
   
¡Mozos, imos, vinde, aixiña, chegar Mozos, vamos, venid, pronto, llegad
porque xa ise río m’o leva pra o mar! porque ya ese río se lo lleva al mar!


Federico García Lorca

Amancio Prada

Insomnio


Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
—cauce fiel de abandono, línea pura—,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.

Gerardo Diego

martes, junio 16, 2020

Sola en la sala


A partir de dos poemas de Gloria Fuertes:

Y no sé por qué

Estoy triste... y no sé por qué;
he bebido amor,
                        y aún tengo sed.
Estoy sola... y no sé por qué
quisiera saberlo,
                         mas no lo diré...
Estoy sola y no sé por qué,
quisiera besar,
                       y no sé a quién.
Estoy enamorada... y no sé de qué.
Quisiera saberlo...
                            y no puede ser.
Estoy triste y sola...
                             y no sé por qué.


En las noches claras

En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser.
Invito a la luna y con mi sombra somos tres.




La canción de Eskarnia:

Estoy triste y sola y no sé por qué
He bebido amor y aún tengo sed,
Quisiera saberlo y no puede ser,
Estoy triste y sola y no sé por qué…

Sola por las calles me paseo, soy cabra sola vendo paz a los guerreros, sola recorro las calles de este mundo, sola escribo, sola sufro. Me quejo sola, sola moro, a la mierda con el coro moro solo, con decoro sola moro, a la mierda el oro, sola mejoro y empeoro, sola… solo… hago versos. Escribo en las paredes, lloro en los armarios, estoy sola sin tu amor, sin tu mirada, sin tus cartas, si ya no me cantas, igual de harta que sola, igual de sola que harta, sola, ¡sola!, por las calles me paseo, soy cabra sola vendo paz a los guerreros, sola recorro las calles de este mundo, sola escribo, sola sufro.

Estoy triste y sola y no sé por qué
He bebido amor y aún tengo sed,
Quisiera saberlo y no puede ser,
Estoy triste y sola y no sé por qué…

Me siento sola y una, como la luna, soy igual que todas pero como yo ninguna, en mi cuna solo hay palabras y agua. Sola... sola pero con esperanza, en las vías sola mientras espero el tren, mientras miro el calendario, mientras me visto sola como un ave despistada, mientras quede este segundo en que la vida es una hora sola sobran las palabras. Recorro sola las calles de este mundo, escribo sola y yo sola me confundo, otro trago malo, lo consigo sin el llanto, me bebo el verbo estoy sola en mi desierto. Cazando mariposas con mi traje de torero, cuando estoy triste y sola miro al cielo. Resuelvo este problema de la soledad del ser, invito a la luna y con mi sombra somos tres.

martes, junio 09, 2020

No te salves









No te quedes inmóvil
al borde del camino,
no congeles el júbilo,
no quieras con desgana,
no te salves ahora,
ni nunca
no te salves,
no te llenes de calma,
no reserves del mundo,
solo un rincón tranquilo,
no dejes caer los párpados,
pesados como juicios,
no te quedes sin labios,
no te duermas sin sueño,
no te pienses sin sangre,
no te juzgues sin tiempo...

Pero si,
pese a todo,
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo,
y quieres con desgana,
y te salvas ahora,
y te llenas de calma,
y reservas del mundo
solo un rincón tranquilo,
y dejas caer los párpados,
pesados como juicios,
y te secas sin labios,
y te duermes sin sueño,
y te piensas sin sangre,
y te juzgas sin tiempo,
y te quedas inmóvil
al borde del camino,
y te salvas…

Entonces,
no te quedes conmigo...

Mario Benedetti

Mario Benedetti


Libros a la calle

Poesía y rocanrol


La poesía
es casi tan aburrida
como el rocanrol.

La prisa es mala, la ciencia es misa.
Escribo porque tengo calma,
que no es moco,
boli, papel y tiempo.
Tengo también las ganas
y el estómago lo suficientemente
vacío.

He tendido las camisas de fuerza en el jardín.

La poesía es lo de siempre.
Yo también tengo grilletes en los pies
y telarañas en los ojos
y bozal de mimbre
pero no escribo por deporte, ni por no estar, ni pornostar,
ni porque me importe el arte, ni por darte, ni por darme,
escribo por locura irrefrenable
porque no todo es ponerse.
No escribo por encargo ni de mí mismo.

La poesía es lo de siempre.
A veces todo lo que me rodea se torna enredadera
y los seres queridos son maniquíes haciéndome cosquillas.

La poesía es lo de nunca.
Hablar de hacer aquello que potencialmente es realizable,
la utopía equidistante,
fletar cien autobuses sin gente.
La vida es lo de siempre.

Hoy es un día diferente,
como todos los demás.
Iremos a bailar rocanrol a la plaza de un pueblo
en que nunca has estado,
como siempre.

Saben los que saben porque lo dicen los que no saben.
Si los que saben saben que saben, no saben.
¿Qué canciones pondrán hoy
en Rock FM?

No escribo para ser leído.
No leo para ser escritor.

Poeta
es aquel que,
            a través de la palabra,
trata de comprender un mundo que no lo comprende a él,
aquel capaz de encontrar preguntas a todas las respuestas,
el que escucha a la luna
            y ve a través de las rendijas de la mente.
Poeta no es este
o aquel.
Poeta es también quien ornamenta el verso.
Pues bien.

Tengo tanta tristeza taladrándome
que cabe en un paquete de tabaco
la infinitud de la felicidad.

La poesía no es ahora que está siendo escrita.
La poesía es ahora que está siendo leída.

La poesía, decía,
es casi tan aburrida como el rocanrol,
riff arriba, oxímoron abajo.

Suso Sudón

domingo, junio 07, 2020

Al oído de una muchacha



No quise.
No quise decirte nada.

Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.

Se meneaban.

No quise.
No quise decirte nada.


Federico García Lorca

Rafael Alberti

Atilio y los Alimonados

sábado, junio 06, 2020

El amor duerme en el pecho del poeta



Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

Federico García Lorca

Amancio Prada

Miguel Poveda



viernes, junio 05, 2020

El poeta dice la verdad



Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

Federico García Lorca

Amancio Prada

La Trampa



Nueva York (oficina y denuncia)



Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;
un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo.
He venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, cantando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles
en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
No, no; yo denuncio,
yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.

Federico García Lorca

Atilio y los Alimonados



Tal día como hoy, en 1898, nacía Federico García Lorca.

miércoles, junio 03, 2020

La vida cuesta





Cuesta comprender que nos pasamos
media vida persiguiendo cosas que nos hacen daño,
cuesta demasiado darse cuenta
y lo que más cuesta después
es deshacer el desengaño,
cuesta entender que la persona que te hiere
sea la misma a la que estás necesitando.

Cuesta, la vida cuesta...

Cuesta confiar en el amor,
volver a aquel fotomatón,
saber que no me estás buscando.
Cuesta comprender que hay ciertos trenes,
ciertas pieles, ciertas bocas
que no acaban regresando.
Cuesta no escuchar al corazón
cuando el pasado aparece
arrepentido por tu barrio.

Cuesta, la vida cuesta...

Cuesta comprender que nos pasamos
media vida persiguiendo cosas que nos hacen daño.
Y que perdonar a quien te daña
es la única terapia que te acabará curando.
Cuesta entender nuestro pasado
fuimos el amor correcto
en el momento equivocado.

Cuesta, la vida cuesta...

Cuesta confiar en el amor,
volver a aquel fotomatón,
saber que no me estás buscando.
Cuesta comprender que hay ciertos trenes,
ciertas pieles, ciertas bocas
que no acaban regresando.
Cuesta no escuchar al corazón
cuando el pasado aparece
arrepentido por tu barrio.

Cuesta, la vida cuesta...

Marwan

Marwan y Leonel García

Para Aragón, en España



Para Aragón, en España,
Tengo yo en mi corazón
Un lugar todo Aragón,
Franco, fiero, fiel, sin saña.

Si quiere un tonto saber
Por qué lo tengo, le digo
Que allí tuve un buen amigo,
Que allí quise a una mujer.

Allá, en la vega florida,
La de la heroica defensa,
Por mantener lo que piensa
Juega la gente la vida.

Y si un alcalde lo aprieta
O lo enoja un rey cazurro,
Calza la manta el baturro
Y muere con su escopeta.

Quiero a la tierra amarilla
Que baña el Ebro lodoso:
Quiero el Pilar azuloso
De Lanuza y de Padilla.

Estimo a quien de un revés
Echa por tierra a un tirano:
Lo estimo, si es un cubano;
Lo estimo, si aragonés.

Amo los patios sombríos
Con escaleras bordadas;
Amo las naves calladas
Y los conventos vacíos.

Amo la tierra florida,
Musulmana o española,
Donde rompió su corola
La poca flor de mi vida.

José Martí

Carmen París

lunes, junio 01, 2020

Versos que escribí dormida



Bebo porque la gente no me gusta,
porque a la gente la quiero demasiado;
las cosas cambian y el ímpetu se enferma,
sé lo que dan de sí los hombres;
sé que hay pocos que prestarían sangre,
sé que hay muchos que me encarcelarían.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Porque la noche es larga y tiene seres,
la vida es corta en cambio y tiene prisa,
la alcoba es grande y el sereno es bizco
y un chinche flaco trepa por el techo.

Bebo para acordarme de estas cosas.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.

Gloria Fuertes

Silvia Comes

domingo, mayo 31, 2020

No quiero que te vayas dolor



No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.

En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.

Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.

Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.

Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.

La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

Pedro Salinas

Pedro Salinas

Estoy triste y mis ojos no lloran






Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores
si está oscura y lluviosa la tarde
y no vienen suspiros ni aromas
en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;
está solo el inmenso paisaje;
ya se han ido los lentos rebaños;
flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,
una estrella brilló en los cristales;
estoy triste, mis ojos no lloran,
¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora
de los niños dormidos; mi madre
me mecía en su tibio regazo,
al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana
de la ermita perdida en el valle,
se entreabrían mis ojos rendidos
al misterio sin luz de la tarde...

Es la esquila; ha sonado. La esquila
ha sonado en la paz de los aires;
sus cadencias dan llanto a estos ojos
que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
ya hay fragancias y cantos; si alguien
ha soñado en mis besos, que venga
de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren... No vienen...
¿Quién irá por el triste paisaje?
Solo suena en el largo silencio
la campana que tocan los ángeles.


Juan Ramón Jiménez

Momentos felices



Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
—el pitillo en los labios, el alma disponible—
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro —sé que todo es fiado—,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así la muerte,
¿no es la felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es la felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
«Estaba justamente pensando en ir a verte».
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

Gabriel Celaya

Gabriel Celaya

sábado, mayo 30, 2020

Cantar



Es la casa un palomar
Y la cama un jazminero.
Las puertas de par en par
y en fondo un mundo entero,

El hijo, tu corazón
madre que se ha engrandecido.
Dentro de la habitación
todo lo que ha florecido.

El hijo te hace un jardín,
y tú has hecho al hijo, esposa,
la habitación del jazmín,
el palomar de la rosa.

Alrededor de tu piel
ato y desato la mía.
Un mediodía de miel
rezumas: un mediodía.

¿Quién en esta casa entró
y la apartó del desierto?
Para que me acuerde yo
alguien que soy yo y ha muerto.

Viene la luz más redonda
a los almendros más blancos.
La vida, la luz se ahonda
entre muertos y barrancos.

Venturoso es el futuro,
como aquellos horizontes
de pérfido y mármol puro
donde respiran los montes.

Arde la casa encendida
de besos y sombra amante.
No puede pasar la vida
más honda y emocionante.

Desbordadamente sorda
la leche alumbra tus huesos.
Y la casa se desborda
con ella, el hijo y los besos.

Tú, tu vientre caudaloso,
el hijo y el palomar.
Esposa, sobre tu esposo
suenan los pasos del mar.

Miguel Hernández

Olga Manzano y Manuel Picón

martes, mayo 26, 2020

Canción última





Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

Miguel Hernández

Joan Manuel Serrat

Inés Fonseca

Niño de Elche

domingo, mayo 24, 2020

Cementerio en la ciudad



Tras de la reja abierta entre los muros,
La tierra negra sin árboles ni hierba,
Con bancos de madera donde allá en la tarde
Se sientan silenciosos unos viejos.
En torno están las casas, cerca hay tiendas,
Calles por las que juegan niños, y los trenes
Pasan al lado de las tumbas. Es un barrio pobre.

Como remiendos de las fachadas grises,
Cuelgan en las ventanas trapos húmedos de lluvia.
Borradas están ya las inscripciones
De las losas con muertos de dos siglos,
Sin amigos que les olvide, muertos
Clandestinos. Mas cuando el sol despierta,
Porque el sol brilla algunos días de junio,
En lo hondo algo deben sentir los huesos viejos.

Ni una hoja ni un pájaro. La piedra nada más. La tierra.
¿Es el infierno así? Hay dolor sin olvido,
Con ruido y miseria, frío largo y sin esperanza.
Aquí no existe el sueño silencioso
De la muerte, que todavía la vida
Se agita entre estas tumbas, como una prostituta
Prosigue su negocio bajo la noche inmóvil.

Cuando la sombra cae desde el cielo nublado
Y el humo de las fábricas se aquieta
En polvo gris, vienen de la taberna voces,
Y luego un tren que pasa
Agita largos ecos como bronce iracundo.

No es el juicio aún, muertos anónimos.
Sosegaos, dormid; dormid, si es que podéis.
Acaso Dios también se olvida de vosotros

Luis Cernuda

Luis Cernuda

Aniversario del nacimiento de Federico García Lorca



El 5 de junio del año 1898 nacía en Fuentevaqueros (Granada - España) el que iba a convertirse en uno de los mejores poetas y dramaturgos de todos los tiempos. No solo de la Literatura en español, sino de la Literatura Universal.
Fue asesinado en los comienzos de la Guerra Civil Española a la edad de 38 años.
¿Qué no le quedaba por aportar a nuestra Literatura?
A pesar de su juventud, de los pocos años en los que pudo ejercer la escritura, nos dejó una enorma colección de poemas, obras de teatro, ensayos...
Con seguridad, en muchas partes del mundo, se van a realizar acitividades relacionadas con el aniversario de su nacimiento.
En mi grupo de amigos, me han pedido que haga una selección de obras ordenadas, de alguna manera, por dificultad.
Es complicado.
Porque la dificutad puede referirse al lenguaje empleado, a la profundidad o complejidad de lo que se quiere expresar, a la longitud del poema...
Y no es lo mismo si lo que queremos es leer el poema o aprenderlo de memoria para recitarlo.
De todas formas, vamos a hacer un recopilatorio intentando organizarlo de alguna manera.
Para empezar, ahora mismo hay en la APM 64 obras de FGL.
De estas 64, he seleccionado 44, eliminando o dejando a un lado, aquellas obras que son fragmentos o combinaciones de varias otras, o que se me han pasado...
Las primeras son francamente sencillas pero no por ello menos geniales.
¿Cuál vas a elegir?
Estaría bien que con uno de estos poemas participases en nuestro #amamoslapoesía
  1. Canción tonta
  2. No te pude ver
  3. Despedida
  4. Cazador
  5. Sorpresa
  6. Es verdad
  7. Adelina de paseo
  8. El silencio
  9. Herido de amor
  10. La zapatera prodigiosa 
  11. El lagarto está llorando
  12. Agua, ¿dónde vas? 
  13. Canción del gitano apaleado
  14. Y después
  15. Romance de la luna, luna
  16. Córdoba
  17. Canción del jinete
  18. Mi niña se fue a la mar
  19. Arbolé, arbolé
  20. La casada infiel 
  21. Soneto de la guirnalda de rosas
  22. Casida de la muchacha dorada
  23. Casida de la mujer tendida
  24. Soneto de la dulce queja 
  25. Canción del naranjo seco
  26. Pero tú has de venir
  27. La guitarra
  28. Adán
  29. Ay voz secreta del amor oscuro
  30. Murió al amanecer
  31. El poeta pide a su amor que le escriba
  32. Gacela del amor desesperado
  33. Gacela del amor imprevisto
  34. Romance de la Guardia Civil Española
  35. Salutación elegíaca a Rosalía de Castro
  36. Romance de la talabartera
  37. Canción de la mariposa
  38. Casida de los ramos
  39. Oda a Walt Whitman
  40. La aurora de Nueva York 
  41. Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías
    1. La cogida y la muerte
    2. La sangre derramada
    3. Cuerpo presente
    4. Alma ausente

Oda al tomate



La calle
se llenó de tomates,
mediodía,
verano,
la luz
se parte
en dos
mitades
de tomate,
corre
por las calles
el jugo.
En diciembre
se desata
el tomate,
invade
las cocinas,
entra por los almuerzos,
se sienta
reposado
en los aparadores,
entre los vasos,
las mantequilleras,
los saleros azules.
Tiene
luz propia,
majestad benigna.
Debemos, por desgracia,
asesinarlo:
se hunde
el cuchillo
en su pulpa viviente,
es una roja
víscera,
un sol
fresco,
profundo,
inagotable,
llena las ensaladas
de Chile,
se casa alegremente
con la clara cebolla,
y para celebrarlo
se deja
caer
aceite,
hijo
esencial del olivo,
sobre sus hemisferios entreabiertos,
agrega
la pimienta
su fragancia,
la sal su magnetismo:
son las bodas
del día,
el perejil
levanta
banderines,
las papas
hierven vigorosamente,
el asado
golpea
con su aroma
en la puerta,
es hora!
vamos!
y sobre
la mesa, en la cintura
del verano,
el tomate,
astro de tierra,
estrella
repetida
y fecunda,
nos muestra
sus circunvoluciones,
sus canales,
la insigne plenitud
y la abundancia
sin hueso,
sin coraza,
sin escamas ni espinas,
nos entrega
el regalo
de su color fogoso
y la totalidad de su frescura.
Pablo Neruda

Jorge Drexler

A mi hermano Miguel


In memoriam
Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo!
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: «Pero, hijos…»
Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
Por la sala, el zaguán, los corredores,
después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.
Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.
Oye, hermano, no tardes
en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.

César Vallejo

Mercedes Sosa

sábado, mayo 23, 2020

Poema de la ausencia



Te seguiré esperando
a que regreses,
no cerraré la puerta,
la puerta de mi casa.

No cerraré la puerta,
la puerta de mi casa.
Lo último que se pierde
es siempre la esperanza.

Cubriré con mis manos
el fuego que se apaga,
la lluvia que entorpece
tu voz en la mañana.
Cubriré con mis labios
tu rostro en la ventana,
todavía impregnando
tu ausencia desolada.

Nunca querré pensar
que tu regreso ya no existe.
Siempre te esperaré.
Te seguiré esperando.

Cubriré con mis manos
los campos que anduvimos,
cuando como la tarde
fugaces recorrimos.
Cubriré con mi frente
los recuerdos más nimios
para que un día, juntos,
volvamos a encontrarlos.

Nunca querré pensar
que tu regreso ya no existe.
Siempre te esperaré.
Te seguiré esperando.
José Antonio Labordeta

martes, mayo 19, 2020

Romance del pastor desesperado



Por aquel lirón arriba
lindo pastor va llorando;
del agua de los sus ojos
el gabán lleva mojado.

- Buscaréis, ovejas mías,
pastor más aventurado,
que os lleve a la fuente fría
y os caree con su cayado.

¡Adiós, adiós, compañeros,
las alegrías de antaño!,
si me muero de este mal,
no me enterréis en sagrado;

no quiero paz de la muerte,
pues nunca fui bien amado;
enterréisme en prado verde,
donde paste mi ganado,

con una piedra que diga:
«Aquí murió un desdichado:
murió del mal del amor,
que es un mal desesperado.»

Ya lo entierran al pastor
en medio del verde prado,
al son de un triste cencerro,
que no hay allí campanario.

Tres serranitas le lloran
al pie del monte serrano;
una decía: «Ay, mi primo»,
otra decía: «Ay, mi hermano»,

la más chiquita dellas:
«Adiós, lindo enamorado,
mal te quise por mi mal,
siempre viviré penando.»
Anónimo

Paco Ibáñez